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orcid logo Felipe Carrasco

Licenciado en Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Estudiante de magíster en filosofía, programa University of St Andrews/Stirling. Email; fescarrasco@uc.cl. ORCID: https://orcid.org/0009-0000-1323-8438
 

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Carrasco, F. (2026) Lenguaje, metafísica y disputas verbales. Revista de Filosofía Homónima. Recuperado de https://revistahomonima.com/2026/03/07/lenguaje-metafis…-felipe-carrasco/

 

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Lenguaje, metafísica y disputas verbales

Felipe Carrasco

 

1. Introducción

Timothy Williamson (2021) ha argumentado que las preguntas filosóficas no son acerca del lenguaje. El área en la que esta tesis se ve más claramente manifestada es la metafísica. Al abordar preguntas sobre la modalidad, la causalidad o las propiedades, los filósofos no están preocupados por las palabras, sino con la realidad. Las teorías metafísicas son acerca del mundo, no el lenguaje. Sin embargo, al tratar el problema de la vaguedad, Williamson (2021) reconoce que “las preguntas sobre la estructura del pensamiento y el lenguaje se vuelven centrales para el debate, incluso cuando no es primariamente un debate acerca del pensamiento o el lenguaje” (p. 47).[1] Cuando los filósofos tratan de responder preguntas metafísicamente complejas, también dedican mucho tiempo a hacer consideraciones sobre el uso del lenguaje y lo que las palabras significan.

Aceptar que el lenguaje es también central para la teorización metafísica es un potencial debilitamiento de la tesis metametafísica según la cual las preguntas metafísicas son acerca del mundo. Si se pone un énfasis excesivo en el aspecto lingüístico de las teorías metafísicas, su conexión con la realidad se vuelve progresivamente más dudosa. Más preocupante aún, si se acepta la idea de que el lenguaje es central para la teorización metafísica, nada impide el surgimiento de metaontologías de ‘estilo giro lingüístico’. Las preguntas metafísicas serían acerca de un marco lingüístico (Carnap, 1950), o acerca de qué cuantificador existencial debería ser usado (Hirsch, 2011). Si esto es el caso, se podría sostener que las disputas metafísicas son meramente verbales—y con razón dada esta posición anti-realista. Es decir, cuando los filósofos no están de acuerdo sobre cuestiones metafísicas, simplemente no están de acuerdo sobre lo que significan los lenguajes elegidos.

El objetivo de este trabajo entonces es fortalecer la idea de Williamson de acuerdo a la cual las preguntas metafísicas no son acerca del lenguaje. Al mismo tiempo, se debe reconocer el lugar que el lenguaje merece dentro de la metafísica, pero preservando el espíritu realista que, creo, es correcto. El artículo se divide de la siguiente manera. En la sección 2 se explicará el realismo de Williamson en metafísica, particularmente el uso de la lógica como el lenguaje de la metafísica. En la sección 3 se mostrará que una posición anti-excepcionalista de la lógica complica la situación para el realista. Específicamente, se mostrará que la noción de disputa verbal reemerge en el nivel de la lógica e incluso la metalógica. Finalmente, en la sección 4 se muestra que el uso de aproximaciones alternativas como Ontologese (esto es, una suerte de ‘lenguaje ontológico’ especial) o Higher-orderese (esto es, un ‘lenguaje de orden superior’) no funcionan, y que en definitiva los filósofos necesitan adoptar un espíritu científico en lugar de buscar un ‘lenguaje fundamental’.

2. El realismo de Williamson y el lenguaje de la metafísica

En la historia de la filosofía la metafísica ha sido varias veces despojada de su título de filosofía primera. En la filosofía moderna dicho título fue tomado por la epistemología. Durante el siglo XX, primero la filosofía del lenguaje y luego la filosofía de la mente se volvieron centrales en la filosofía. Por esta razón, era natural pensar que los problemas filosóficos en general, y los problemas de la metafísica en particular, podían ser resueltos por medio de la clarificación de las estructuras de los lenguajes o de los conceptos usados para las teorías metafísicas. Para lo que importa aquí, el foco estará exclusivamente en el lenguaje.

Williamson (2021) ha sostenido que esta visión de la filosofía es incorrecta. Los filósofos se ocupan de cómo son las cosas.[2] Esta idea se extiende de manera obvia a la metafísica. “Por ejemplo, cuando los metafísicos se preguntan ‘¿Qué es la causalidad?’, se están preguntando primariamente acerca de la naturaleza de la causalidad misma, una relación mundana entre eventos, no acerca de la palabra ‘causa’” (Williamson, 2021, p. 533). En este sentido, Williamson adopta una posición realista hacia la investigación metafísica. Cuando el realista sostiene que la realidad es independiente no se refieren únicamente a las entidades particulares, sino también a las categorías que en definitiva constituyen todo lo que existe. Las categorías son los tipos de cosas más generales que existen y se usan para clasificar de manera completa todo lo que existe. Para el realista estas categorías no son esquemas lingüísticos para ordenar las cosas del mundo de manera que hagan sentido para los agentes. Las categorías no son proyecciones, sino que divisiones reales en la estructura fundamental de la realidad. Las distinciones entre, por ejemplo, entidades abstractas y concretas, entre objetos y procesos, están basadas en la realidad misma—como son las cosas—no en categorizaciones lingüísticas.

Puede encontrarse más evidencia del realismo de Williamson en sus críticas recientes a la noción de hiperintensionalidad[3] (Williamson, 2024a, 2025). Se rechaza esta aproximación a la metafísica porque se arriesga confundir diferencias cognitivas y metafísicas. Por ejemplo, un agente ignorante puede sinceramente aseverar que cree que los triángulos son triangulares, pero puede negar que los triángulos son trilaterales. En este caso, los predicados “es triangular” y “es trilateral” marcan diferencias cognitivas genuinas en el uso de esas palabras, pero “no necesariamente reflejan diferencias en lo que ellas refieren” (Williamson, 2025, p. 49). En este sentido, las divisiones lingüísticas de las palabras no afectan la forma en que la realidad está constituida.

Otro rasgo realista de la visión de Williamson es su defensa de una metodología abductiva en metafísica. Filósofos trabajando, por ejemplo, en modalidad intentan descubrir verdades independientes acerca de lo que es posible y necesario, y para ello desarrollan teorías. Esas teorías compiten. Luego se comparan entre sí evaluando su poder explicativo, simplicidad y elegancia. Este método de inferencia a la mejor explicación es también usado en otras ciencias (Williamson, 2013, pp. 423-424).

Dado este marco realista, sería desastroso sostener que la metafísica es solo acerca de cómo se usan palabras intrincadas como “propiedades” o “esencias” y qué significan estas expresiones (i.e. disputas verbales). Sin embargo, Williamson (2021) también reconoce que “en la práctica el intento de responder una pregunta que no es acerca del pensamiento o el lenguaje puede consistir, en gran medida, en pensar sobre el pensamiento y el lenguaje” (p. 48). Si el lenguaje es también importante ¿cómo exactamente se debe discutir sobre cuestiones metafísicas sin decaer en disputas verbales? Es necesario reconocer la importancia del lenguaje dentro del marco del realista.

Una respuesta posible para aliviar esta inquietud es preguntarse qué tipo de lenguaje es el relevante para la teorización metafísica. Con el desarrollo de la lógica moderna, los metafísicos se han armado con lenguajes y herramientas formales que gozan de un poder expresivo sin precedentes en la historia de la filosofía. Por lo mismo, muchos han adoptado estos lenguajes formalizados para teorizar. Por supuesto, uno puede enunciar ciertas tesis o argumentos en un lenguaje natural (español, inglés) porque resulta útil para propósitos comunicacionales. Uno incluso puede advertir al resto de que dichas platitudes informales pueden ser engañosas. Con todo, al aseverar un postulado metafísico importante, en lugar de usar el lenguaje natural, uno puede apoyarse en, digamos, el lenguaje de la lógica de primer orden (¡la favorita de muchos!) para ser claro y preciso. De esta manera se minimizan las chances de ser malinterpretado por los oponentes teóricos porque las partes comprenden el significado de las expresiones del lenguaje, una vez fijado (por ejemplo, constantes de individuos, predicados, cuantificadores y conectivas). Entonces, las disputas metafísicas, aunque descansan parcialmente en consideraciones acerca del lenguaje, no pueden decaer en disputas meramente verbales porque la lógica provee un marco común, compartido en el que se habla de una realidad independientemente constituida. Como se verá a continuación, esta aproximación ingenua tiene varios problemas.

3. El anti-excepcionalismo lógico

El hecho de que el lenguaje lógico sea riguroso y preciso es un buen motivo para preferirlo como el lenguaje preferido para la teorización metafísica. Si este es el lenguaje compartido por los metafísicos, entonces las disputas metafísicas no son meros desacuerdos acerca del uso del lenguaje y el significado de las expresiones, sino que son genuinos desacuerdos acerca de cómo es la realidad extralingüística.

Sin embargo, esta idea solo funciona asumiendo que la lógica es neutral. En el juego de la filosofía la lógica sería el árbitro que suena el silbato y penaliza a los jugadores cuando estos rompen las reglas—pero, por supuesto, la lógica misma no está jugando el juego (Williamson, 2013, p. x). Por ejemplo, si un filósofo sostiene que p y al mismo tiempo no-p, la lógica le muestra tarjeta amarilla. Similarmente, si un metafísico postula una propiedad que se auto-ejemplifica si y solo si no se auto-ejemplifica, la lógica le muestra tarjeta amarilla (o quizás tarjeta roja en este caso). Esta es una obvia simplificación, pero es ilustrativa.

Adicionalmente, hay que notar que un supuesto de la idea de que la lógica es neutra para las disputas metafísicas es que debe haber una lógica canónica. Para muchos filósofos, la lógica para la investigación metafísica (y más generalmente para la filosofía) es la lógica de primer orden clásica. Tal es la influencia de las ideas de Quine acerca de lo que hay, junto con importantes resultados metateóricos (Eklund, 1996).

Estas ideas—la neutralidad de la lógica y una lógica canónica—entran en conflicto con las ideas de Williamson que intentamos fortalecer. Williamson es anti-excepcionalista acerca de la lógica. Esto significa que la lógica no es excepcional, ni especial. Es igual que cualquier otra disciplina—en nuestra metáfora del árbitro, la lógica también es un jugador. No podemos recurrir a un marco común provisto por la neutralidad de la lógica porque la lógica misma es tan contenciosa y disputable como las teorías que se supone que arbitra. Es incorrecta la posición según la cual la lógica es solo un marco común para evaluar argumentos y no dice nada sustancial. El título de Williamson (2024b) se explica por sí solo: acepta una lógica, acepta una teoría.

Para ilustrar consideremos estos dos ejemplos. Primero, si aceptamos la lógica modal cuantificada y, modelo-teóricamente, permitimos que los dominios de cuantificación sean variables, entonces somos contingentistas (esta es la tesis según la cual algunas cosas podrían no haber existido). Al contrario, si permitimos que los dominios de cuantificación sean invariantes, podemos validar la fórmula Barcan y su conversa y, en consecuencia, se puede derivar el necesitismo, la tesis según la cual necesariamente, todo existe necesariamente. (Williamson, 2013, pp. 37-38). Segundo, supóngase que aceptamos una lógica de segundo orden. Esta lógica nos permite cuantificar en posición de predicado. Un axioma clave de esta lógica es el axioma de comprehensión. A grandes rasgos, el axioma dice que para cualquier fórmula hay una propiedad correspondiente que satisface esa fórmula. Esto implica incluir un vasto reino de propiedades en la ontología. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar que la lógica no es neutral.

Por otro lado, si los filósofos tienen razones para aceptar distintas lógicas, no puede haber una lógica canónica que sirva como el terreno común y neutral para evaluar teorías metafísicas. De hecho, los filósofos han construido muchos sistemas lógicos alternativos (distintos de la lógica clásica y la lógica de primer orden) y no pocos han sido motivados por problemas metafísicos. Por ejemplo, algunos filósofos han adoptado lógicas intuicionistas en las que no vale el principio del tercero excluido porque de esta manera evitamos el fatalismo acerca del futuro. Otros han adoptado lógicas libres que permiten constantes de individuos sin denotación para evitar compromisos con personajes de ficción (e.g. “Sherlock Holmes”).

Algo todavía más problemático es que a veces estas lógicas son rivales. La lógica de orden superior es un interesante caso dado el reciente desarrollo de la metafísica de orden superior (Skiba, 2021; Fritz y Jones, 2024). Los defensores de la lógica de primer orden y los defensores de la lógica de orden superior tienen buenos motivos para adoptar las lógicas de su preferencia. La lógica de primer orden es completa, la de orden superior no lo es.[4] Para algunos esta es una razón lo suficientemente fuerte para usar lógica de primer orden. Defensores de la lógica de orden superior, en cambio, sostienen que la incompletitud de la lógica de orden superior es el costo de su inmenso poder expresivo. Algunos enunciados simplemente no pueden ser enunciados apropiadamente en la lógica de primer orden.[5]

Estos ejemplos muestran que el anti-excepcionalismo de Williamson sobre la lógica está bien justificado. La lógica no puede ser el marco neutral para evaluar teorías metafísicas porque aceptar una lógica implica aceptar compromisos metafísicos. Adicionalmente, hay lógicas alternativas para la teorización. Si esto es así, sin embargo, nuestra inquietud inicial acerca de las disputas verbales en metafísica reemerge, pero ahora en el nivel de la lógica. Parece que el objeto de disputa de los metafísicos es ahora sobre cuál sistema lógico usar. Cómo son las cosas y qué cosas hay parece ser cuestión de elección de sistema lógico. Estas son las consecuencias de sostener que aceptar una lógica es aceptar una teoría.

A modo de solución posible, se puede buscar refugio en la metateoría de la lógica. Es una posición estándar que los sistemas lógicos son estudiados desde el punto de vista de un metalenguaje no modal de primer orden, el cual usa los recursos del razonamiento clásico, más la teoría de conjuntos. Si esto es lo suficientemente estándar, entonces la neutralidad no se logra en el nivel del lenguaje natural, ni en el nivel de la lógica, sino en el nivel de la metalógica. No obstante, el anti-excepcionalismo lógico permea la lógica en general y no discrimina entre lógica o metalógica (Williamson, 2014, p. 212.).

Considérese el caso de la generalidad absoluta—esto es, el problema de la posibilidad de cuantificar universalmente sobre absolutamente todo lo que hay. Esta cuestión deja de manifiesto la no-neutralidad metalógica en varios aspectos. Por ejemplo, la prueba de completitud para una lógica con cuantificación irrestricta requiere asumir que lo que existe debe obedecer un orden lineal[6] (Friedman, 1999). Sin embargo, la metalógica ‘pura’ no dice nada sobre tal orden lineal. Esta es una tesis sustantiva acerca de la estructura del mundo. Este ejemplo ilustra que incluso la metalógica puede ser contenciosa.

4. Ontologese, Higher-Orderese y el espíritu científico

Retomemos el problema. Dos son las tesis que generan reacciones en el anti-realista: (i) el lenguaje, y particularmente la lógica, es muy importante para la teorización metafísica; y (ii) la lógica no es neutral sino que hace afirmaciones sustantivas acerca del mundo. ¿Qué puede decir el realista para defenderse de potenciales acusaciones de ‘verbalismo metafísico?

Considere la siguiente estrategia. El mundo tiene una estructura objetiva y hay un lenguaje privilegiado que realmente corta a la naturaleza por sus articulaciones (carve nature at its joints). Este lenguaje canónico se llama “Ontologese[7]. Este ‘lenguaje fundamental’ es el lenguaje que mejor coincide con la estructura independiente de la realidad (Sider, 2009). Esta idea encaja pobremente con el anti-excepcionalismo lógico. No importa la formalización que se ofrezca para tal lenguaje, no hay un lenguaje formalizado neutral y canónico. Adicionalmente ¿qué justifica que Ontologese es el mejor lenguaje y no, digamos, el Higher-Orderese? Quizás los cuantificadores de orden superior cortan las articulaciones de la realidad más profundamente (propiedades, fundamentación metafísica entre categorías, etc.). Esto no elimina la inteligibilidad del desafío anti-realista, pues este puede insistir en que hacer metafísica de esta manera es simplemente elegir un marco lingüístico o lógico.

La ilustración con estos dos ‘lenguajes fundamentales’ permite mostrar un supuesto del anti-realista: la elección de marco lingüístico o lógico es trivial porque parece que cualquier marco puede ser lo suficientemente adecuado. Uno puede simplemente estipular que una lógica L es la que corta el mundo por sus articulaciones, o que es la lógica Lx la que realmente lo hace, o que es una lógica ulterior Lw la que realmente lo hace y así sucesivamente. Es claro que si decidimos o estipulamos que una cierta lógica es la que mejor captura la estructura de la realidad, el anti-realista siempre estará listo para objetar que, en realidad, hacer metafísica es decidir entre esos marcos lógicos.

La solución, entonces, nunca será una lógica (o lenguaje) ‘definitivo’ que neutralice las disputas. En su lugar, la solución es apelar a lo que Williamson llama “espíritu científico”, una actitud general hacia la investigación metafísica (y filosófica en general). Esta actitud puede entenderse como una serie de virtudes epistemológicas y prácticas metodológicas tales como el rigor, la precisión, la disposición a la revisión, la construcción, comparación y testeo de teorías. El espíritu científico rige nuestras prácticas intelectuales: “Cuando la experimentación es la forma más probable de responder correctamente a una pregunta, el espíritu científico exige que se realicen los experimentos; cuando otros métodos—pruebas matemáticas, investigación de archivos, razonamiento filosófico—son más relevantes, exige que se recurra a ellos” (Williamson, 2021, p. 486; también Williamson, 2013, p. 423).

El problema de la elección de un sistema lógico debe ser entendido bajo los estándares del espíritu científico. Todas las teorías compiten, incluso las lógicas, pero no todas son igualmente buenas para ciertos propósitos; se evalúan conforme a su fuerza, simplicidad, integración con otras teorías, y a su habilidad de lidiar con contraejemplos o problemas. Si una teoría metafísica puede ser mejor o peor conforme a estos criterios, entonces las disputas no pueden ser meramente verbales. Las preguntas metafísicas están dirigidas a la estructura de la realidad, y si se requiere el apoyo de una lógica, se usará la mejor lógica que podamos tener (Williamson, 2013, p. 226). Sin embargo, esta ‘mejor lógica’ (pace Sider) no necesariamente tiene que ser una lógica canónica o neutra. Esa misma ‘mejor lógica’ puede hacer afirmaciones sustantivas y estar sujeta a revisión; de hecho, puede que en algún punto esa lógica se descarte por una mejor. La metafísica en tanto investigación del mundo no requiere neutralidad lógica. Si el anti-realista alega que las disputas se vuelven meramente verbales cuando intentamos escoger un sistema, esto es porque el anti-realista estaría operando bajo el supuesto de que dicha elección es trivial: después de todo cualquier lenguaje podría capturar el mundo. Pero esto es exactamente de lo que el espíritu científico nos protege. Escogemos el mejor sistema ponderando las cosas que tomamos como epistémicamente valiosas.

5. Conclusión

Hemos identificado un potencial punto de crítica en el realismo de Williamson. Las preguntas metafísicas no son acerca del lenguaje, sino del mundo. Al mismo tiempo, se reconoce que la teorización metafísica involucra reflexiones sustantivas sobre el lenguaje. Si esto es así, el anti-realista puede objetar que las disputas metafísicas son discusiones meramente verbales acerca de los significados de nuestras palabras. Ahora bien, si la lógica provee un marco neutral y estándar para evaluar teorías metafísicas, entonces las disputas no son verbales dado que se comparte el lenguaje común de la lógica. Esto, como se mostró, funciona solo si la lógica es neutra. Pero Williamson ha mantenido que la lógica no es neutra; está cargada de supuestos. Si aceptamos una lógica, aceptamos una teoría. Además hay muchas lógicas. El anti-realista puede, nuevamente, objetar que estamos discutiendo el significado de las expresiones (en este caso, formales). En particular, la acusación de disputa verbal se reestructura ahora en el nivel de la lógica como un problema de elección de sistemas lógicos. Incluso si buscamos refugio en la metalógica, sabemos que aquí también hay materia de controversia. ¡El anti-realista puede quejarse incluso en este nivel!

Queda claro, entonces, que la búsqueda de un lenguaje neutral no nos salva de las protestas del anti-realista. Aunque el problema se reestructura en el nivel de la lógica, de todas maneras persiste en todos los niveles de análisis. Incluso si se postulan lenguajes que ‘están diseñados’ para cortar la naturaleza por sus articulaciones, el anti-realista puede resistirse y señalar que las disputas metafísicas son solo acerca de la elección de un sistema de preferencia. La solución no es encontrar un marco neutral. La solución es adoptar un espíritu científico en el que nuestras teorías están dirigidas hacia el mundo y la elección de sistema no debería ser trivial, sino una decisión teórica bien sopesada de acuerdo con los valores epistemológicos de tal espíritu científico.

Bibliografía

Boolos, G. (1984). To be is to be a value of a variable (or to be some values of some variables). The Journal of Philosophy, 81(8), 430–439.

Carnap, R. (1950). Empiricism, semantics, and ontology. Revue Internationale de Philosophie, 4(11), 20–40.

Eklund, M. (1996). On how logic became first-order. Nordic Journal of Philosophical Logic, 1, 147–167.

Friedman, H. (1999). A complete theory of everything: Satisfiability in the universal domain [Manuscrito no publicado].

Fritz, P., & Jones, N. (Eds.). (2024). Higher-order metaphysics. Oxford University Press.

Hirsch, E. (2011). Quantifier variance and realism. Oxford University Press.

Sider, T. (2009). Ontological realism. In D. Chalmers, D. Manley, & R. Wasserman (Eds.), Metametaphysics: New essays on the foundations of ontology (pp. 384–423). Oxford University Press.

Skiba, L. (2021). Higher-order metaphysics. Philosophy Compass, 16(10).

Williamson, T. (2003). Everything. Philosophical Perspectives, 17, 415–465.

Williamson, T. (2013). Modal logic as metaphysics. Oxford University Press.

Williamson, T. (2014). Logic, metalogic and neutrality. Erkenntnis, 79(Suppl. 2), 211–231.

Williamson, T. (2021). The philosophy of philosophy. Blackwell.

Williamson, T. (2024a). Overfitting and heuristics in philosophy. Oxford University Press.

Williamson, T. (2024b). Accepting a logic, accepting a theory. In Y. Weiss & R. Birman (Eds.), Saul Kripke on modal logic (pp. 409–433). Springer.

Williamson, T. (2025). Essences, heuristics, and metaphysical illusions. Metaphysics, 8(2), 47.


NOTAS

[1] Hay que notar que  Williamson también menciona la relevancia de los pensamientos y los conceptos, pero para nuestros propósitos nos enfocaremos solo en la estructura del lenguaje.

[2] Salvo en aquellos casos, por supuesto, en donde el objeto de estudio filosófico sean los lenguajes y las palabras, o la mente y los conceptos.

[3] Recuérdese que un contexto extensional es uno en el que es válido el principio de sustitución de términos co-referenciales salva veritate. Un contexto intensional es uno en el que dicho principio falla porque, por ejemplo, los sustituyendos están bajo el alcance de un operador modal. Un contexto hiperintensional es un contexto en el que la sustitución salva veritate falla no solo para expresiones co-referenciales, sino también para expresiones necesariamente equivalentes (a veces también llamadas ‘co-intensionales’). En estos contextos incluso expresiones necesariamente equivalentes no pueden ser sustituidas libremente sin potencialmente cambiar el valor de verdad de las oraciones en las que dichas expresiones aparecen.

[4] Al menos en los modelos estándar. Si se usa una semántica Henkin la lógica de orden superior es completa.

[5] Por ejemplo, recuérdese la clásica oración Geach-Kaplan: “algunos críticos solo se admiran entre sí” (cf. Boolos, 1984).

[6] Recuérdese que un orden lineal puede entenderse como una relación R que es reflexiva, antisimétrica, transitiva y total. De modo que cualquier par de elementos puede ser comparados bajo R.

[7] Es importante notar que esta es la expresión en inglés. En español sería algo así como “ontologués”. Aquí preferiremos usar el término en su idioma original.


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2 responses to “Lenguaje, metafísica y disputas verbales. Por Felipe Carrasco”

  1. Avatar de Felipe Vicencio

    He leído con interés el artículo. Si bien el texto aborda un debate recurrente en la tradición analítica, subyace a su enfoque metodológico una premisa que resulta profundamente preocupante: establecer que el camino del filósofo debe ser el camino de la ciencia.
    El intento de purgar la metafísica reduciendo sus profundas tensiones a meras «disputas verbales» refleja un afán por forzar a la filosofía a ser irrefutable en sus planteamientos. Pareciera existir un injustificado complejo de inferioridad que busca validar nuestra disciplina emulando el rigor exacto y aséptico de las ciencias empíricas. Sin embargo, someter la reflexión filosófica a una especie de medición constituye un grave error categorial.
    Debemos aceptar y reivindicar con firmeza que la filosofía es, en su esencia y origen, pregunta. No encuentra su valor en la clausura dogmática de un debate semántico ni en la certeza que pretende establecer la ciencia; una certeza que, como nos ha enseñado la propia epistemología, es puramente instrumental y siempre transitoria. Como bien advirtió el propio Wittgenstein en el Tractatus, incluso desde la cúspide de la filosofía analítica: «Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo».
    La ciencia tiene la invaluable tarea de calcular, predecir y explicarnos el cómo del universo, otorgándonos verdades operativas. Pero exigirle a la filosofía ese mismo estándar de exactitud es desnaturalizarla por completo. La vocación del filósofo no es la comodidad de la respuesta exacta que silencia el debate, sino el coraje de mantenerse en la intemperie de la interrogante inagotable. Mutilar esta disciplina para encajarla en el molde científico es olvidar nuestra tarea primordial: porque, en última instancia, la filosofía no busca el dato irrefutable; la filosofía busca, irreductiblemente, lo que hace sentido.

    1. Avatar de Kuminak
      Kuminak

      Mi interpretación del texto es bastante distinta y quería compartirla para desarrollar el debate al respecto. Primero que todo, me parece que el texto no busca reducir los debates y problemas metafísicos a meras disputas verbales, por el contrario, intenta defender que la metafísica discute sobre el mundo y no meramente sobre el lenguaje (sin negar que estudiar elementos del lenguaje pueda ser provechoso para desarrollar posturas metafísicas). Por lo mismo las discusiones filosóficas en metafísica tendrían la capacidad de ser asuntos sustantivos y de gran importancia, no meros pseudoproblemas y menos aun secundarios o subyugados a la ciencia. Como un segundo punto, me gustaría hacer notar que el «espiritu científico», que se defiende como adecuado para la filosofía al final del texto, parece no referirse a una actitud dogmatica que establece una única verdad sin cuestionarla o que busque cerrar de forma definitiva los debates filosóficos. Por el contrario, leo que en el texto se nos invita a cuestionar cuan viable es establecer una única teoría o lenguaje fundamental y absolutamente verdadero, y nos motiva a aceptar una metodología en la que constantemente estemos revisando nuestros sistemas de creencias; manteniendonos conscientes de las premisas y valores en las cuales estos se sostienen. En este sentido, tener un espiritu científico no es volver a la filosofía equivalente a la ciencia en todo aspecto, sino que se trata de adoptar una actitud/disposición metodológica que tiene ciertas similitudes con la ciencia; la filosofía no deja su naturaleza de lado sino que se apoya en ciertos ideales regulativos que le permiten atender de buena forma sus problemas filosóficos. Para cerrar este comentario, quisiera plantear (más desde una postura propia) como este espíritu científico aplicado a la filosofía, que nos motiva a ser claros, rigurosos y a buscar verdades (entre otras cosas), no va acompañado necesariamente con una perspectiva dogmatica y simplista acerca de la naturaleza de la filosofía y sus diferencias con la ciencia. Somos perfectamente capaces de sostener lo primero como un principio normativo qué nos lleva a practicar de buena forma la filosofía, aun si creemos que la naturaleza de la misma nos llevará a que nunca se alcancen verdades absolutas e innegables sobre nuestras preguntas filosóficas.

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“Y se entrega el espíritu a la persecución de infinitos objetos, cada uno distinto en esencia, irrepetible en figura, y sin embargo todos revestidos de bondad propia, cada uno portador de su propio valor, como su «bien», en lugar de ser único y monolítico, se derramara en una pluralidad de formas, sin por ello dejar de ser entero en cada una”

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