Cómo citar

Lipton, P., “Writing Philosophy”. En: http://www.hps.cam.ac.uk/research/wp.html.
Traducción de Kuminak Lefio, tomando de referencia la traducción de Pedro Karczmarczyk para la cátedra “Filosofía contemporánea”, Universidad Nacional de La Plata, Argentina, aparecido en: Moran, J. (de.), Por el camino de la filosofía, La Plata, de la campana, 2006.

 

Colección de ensayos metodológicos, de lectura y escritura filosófica de la Revista Homónima.

Escribir filosofía

Peter Lipton


“El estilo es la pluma, en la flecha, no en el sombrero”

I. Desprolijidad
Un estilo de escritura desprolijo provoca que el lector se sienta incómodo. Por estilo desprolijo entendemos, de manera general, errores gramaticales, falta de claridad, discontinuidad temática o una complejidad excesiva que dificulta la lectura. Es común que un texto sea difícil de leer cuando no se escribe con las propias palabras. En esos casos, en cambio, usted termina apegándose demasiado a las frases y construcciones del mismo. La mezcla del estilo del autor y el suyo propio, casi siempre, da por resultado un escrito desprolijo. Por ello, use sus propias palabras incluso cuando está describiendo los puntos de vista de otro. Sin embargo, la causa más importante de dificultades en el estilo es simplemente la falta de revisión. La mayoría de los autores producen oraciones desprolijas en la primera versión. Y Los buenos escritores no son los que “naturalmente” escriben bien, son los que se toman el trabajo de revisar; los que aprenden a localizar las secciones desprolijas y a eliminarlas. Por esto, una buena regla es asumir, desde el principio, que cada oración tendrá que ser corregida. Escribir en un procesador de texto hace que la revisión sea más fácil y rápida. Utilice las herramientas de corrección ortográfica y gramatical, pero no descargue la responsabilidad en la computadora. La mejor manera de descubrir los descuidos estilísticos es leer en voz alta el borrador. En general, las personas tienen un mejor oído (que ojo) para el estilo y cuando algo suena bien, con pocas excepciones, está bien escrito. Si usted tiene dudas acerca de su oído, W. Strunk and E. B. White, The Elements of Style, London: Macmillan, 1979 (3rd ed.) es una buena guía en este tópico de la desprolijidad.

II. Empatía
Una vez que uno entiende algo puede resultar difícil recordar cómo era no entenderlo. Sin embargo, recordar esto es fundamental para lograr una exposición clara. Para escribir con alguna eficacia uno tiene que ponerse en el lugar del lector. En este sentido, puede ser beneficioso imaginar que el lector es un amigo que no está en la clase y no, en cambio, el profesor. Asegúrese de que sus ideas han quedado expresadas en el papel: los lectores corrientes por lo general son incapaces de leer la mente. Y considere también que los lectores no han estado cinco horas pensando acerca del tema sobre el que usted está escribiendo. El lector necesita de su ayuda. No haga meras afirmaciones, ¡explíquelas! Proponga ejemplos. Analice el problema desde diferentes ángulos. Y, sobre todo, intente escribir de forma concreta incluso en un asunto tan abstracto como lo es la filosofía, porque una escritura muy abstracta propicia que el lector se pierda. Además de estimular al lector a continuar con la lectura, realizar el ejercicio de la empatía lo ayudara a darse cuenta de qué cosas pueden servir para convencer al lector de que lo que usted está escribiendo es verdadero. Pongámoslo en estos términos: usted ya está convencido de su punto de vista o de su interpretación. No es extraño que nuestro punto de vista nos parezca obvio o evidente. Pero, por extraño que suene, vale la pena recordarle que ¡no todos son usted! Ponerse en el lugar del lector lo ayudará a darse cuenta de que éste necesita un argumento para compartir su punto de vista. En este sentido, al escribir un texto filosófico, puede ser útil que usted se imagine a sí mismo en una situación en la que usted intenta defenderse frente a un jurado, o en una en la que está intentando vender su punto de vista.


III. Coreografía
Un ensayo no es solo una lista de oraciones, sino que tiene, además, una estructura. Y lo mejor es que la estructura sea clara para el lector desde el comienzo. Para ello, escriba introducciones y conclusiones informativas. La introducción, además de presentar el tema, debe presentar también su argumento. Es decir, usted debe decirle al lector qué es lo que va a probar en su ensayo y de qué manera va a probarlo. Si la introducción no le da un mapa al lector, es muy probable que éste se sienta perdido o desorientado en el texto. Sea directo y específico. Reemplace oraciones como “A través de los siglos las mentes más brillantes han lidiado con el problema de la libertad de la voluntad” por “En este ensayo argumentaré que la libertad de la voluntad es imposible”. La conclusión del ensayo debería decirle al lector qué es lo que se ha logrado y porque valió la pena el esfuerzo realizado en la argumentación. Es aconsejable, también, realizar un recuento que le recuerde al lector cómo las diferentes partes del ensayo forman un argumento coherente.

Es útil pensar sobre su ensayo como una serie de movimientos descriptivos y argumentativos. Cada movimiento significativo se merece un párrafo. Generalmente, los párrafos deberían comenzar con una oración de transición o con una oración temática. Una oración de transición explica cómo se conecta el párrafo con los párrafos anteriores; una oración temática indica acerca de qué habla el párrafo. Los dos tipos de oraciones son, en realidad, mapas en miniatura. En el interior de un párrafo usted puede querer dar otro mapa, explicando cómo la movida que usted está haciendo se conecta con otras anteriores o con las que hará después. El orden de los párrafos es crucial. El lector debería tener una sensación de progreso y desarrollo mientras lee. Cuando los párrafos posteriores están construidos sobre los anteriores, se tiene la sensación de un avance continuo. Para lograr este efecto, usted debe asegurarse que sus oraciones encajen entre sí. Imagine alfo como un engrudo o un pegamento. Usted puede “pegar” las diferentes partes del texto con oraciones de transición y, particularmente, con la lógica de su argumento.

IV. Originalidad
Hay lugar para la originalidad incluso cuando usted sólo se propone dar una descripción adecuada de la posición de otro. Usted puede ser original usando sus propias palabras, sus propias explicaciones, y sus propios ejemplos. En el caso de un ensayo crítico hay un lugar mucho más amplio para el pensamiento original. La mayoría de los argumentos deberían ser suyos. Esto preocupa a algunos estudiantes de filosofía, que sienten que no saben cómo comenzar con sus propios argumentos. No se desespere, ni se engañe a sí mismo: Platón no agotó todas los movimientos sencillos y valiosos y no hay que ser Platón para crear filosofía original. Es difícil enseñar a ser creativo, pero se pueden mencionar algunas técnicas útiles. En primer lugar, haga distinciones. Por ejemplo, en lugar de hablar del conocimiento en general, hable del conocimiento basado en el testimonio de otros y conocimiento basado en la experiencia propia. En segundo lugar, considere las réplicas. Si usted hace una objeción a algunos de los argumentos de Platón, no suponga que él admitiría inmediatamente la derrota. En su lugar piense una respuesta desde su perspectiva. El resultado de ésta ““dialéctica” lo ayudará a construir argumentos propios. Y, por último, juegue el “juego del ¿por qué?”. Como todos lo sabemos gracias a los niños, siempre que alguien dice algo se puede preguntar “¿por qué?”. Esta vez, lo jugara con sus propias afirmaciones. Al esforzarse por responder unos pocos de esos “¿por qué” usted estará desarrollando su propia creatividad. La técnica del “juego del ¿por qué?” apunta hacia una cuestión más general. A menudo el problema no radica en la falta de originalidad, sino en que la originalidad no es aprovechada. Cuando usted cree que tiene algo interesante no lo despache solo en una oración. Haga más de él. Explíquelo, dé un ejemplo, muestre las conexiones relevantes. Presione y desarrolle sus propias buenas ideas tanto como pueda.


Notas


1 Peter Lipton, “Writing Philosophy” en: http://www.hps.cam.ac.uk/research/wp.html. Traducción de Pedro Karczmarczyk para la cátedra “Filosofía contemporánea”, Universidad Nacional de La Plata, Argentina, aparecido en Moran, Julio (de.) Por el camino de la filosofía, La Plata, de la campana, 2006.
2 En castellano puede consultarse el capítulo V, «La redacción», de Eco, Umberto, Cómo se hace una tesis. Barcelona, Gedisa, 1993; el libro de Miguel Angel Caminos. Aportes para la expresión escrita, Buenos Aires, Magisterio, 2001 y los de María Teresa Serafini, Cómo redactar un tema. Barcelona, Paidós, 1989 y Cómo se escribe, Barcelona, Paidós, 1994. 


Bibliografía
• Eric Hoffman (ed.), Guidebook for Publishing Philosophy, Bowling Green 1997
• Jonathan Bennett and Samuel Gorovitz, ‘Improving academic writing’, Teaching Philosophy 20:2 (1997), 105-20
• Izuzquiza, Ignacio Guía para el estudio de la filosofía. Referencias y métodos, Barcelona Bogotá, Anthropos -Siglo del hombre, 1994. [Añadido por el traductor]

 

Una respuesta a «Escribir filosofía por Peter Lipton»

  1. Avatar de wombattechnically70723dd2d9
    wombattechnically70723dd2d9

    Gracias por la traducción. Estoy en mi año donde debo presentar un proyecto de investigación y después la tesis de licenciatura. La verdad entré ya viejo a estudiar filosofía (tengo 59 años) y las estructuras de la academia no las comparto ni me interesan, pero debo cumplir con esta comprobación de cierto aprendizaje. No todo ha sido complicado, muchos de los textos y orientación de algunos profesores se han hecho carne y camino para mí. Pero la academia no es lo mío. Gracias por esta revista. Saludos fraternos

Deja un comentario

Revista Homónima

Foro Homónima

, ,

Descubre más desde Revista Homónima

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo