La crítica de Sharon Street al realismo moral de Ronal Dworkin: reconstrucción y tensiones abiertas. Carlos Ezquerra. Revista de Filosofía, Homónima

orcid logo Carlos Ezquerra es Licenciado en Filosofía y Licenciado en Comunicación por la Universidad de la República (UDELAR). Email: hilda@unca.edu.mx. ORCID: https://orcid.org/0009-0002-8142-5854

Tienes acceso completo al artículo

PDF

¿Cómo citar este artículo?

Ezquerra, C. (2026). La crítica de Sharon Street al realismo moral de Ronal Dworkin: reconstrucción y tensiones abiertas. Revista de Filosofía Homónima, 1(2), pp. 27-51

 


 

LA CRÍTICA DE SHARON STREET AL REALISMO MORAL DE RONALD DWORKIN: RECONSTRUCCIÓN Y TENSIONES ABIERTAS

Carlos Ezquerra[1]

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de la República (Udelar), Montevideo, Uruguay

 

Resumen

Este trabajo analiza la crítica de Sharon Street a Ronald Dworkin. Se reconstruye la argumentación de Street (2016) en «Objectivity and Truth: You’d Better Rethink It», donde defiende el antirrealismo normativo frente al realismo normativo de Dworkin, argumentando que este último genera una tensión irreconciliable entre los puntos de vista teórico y práctico. Street (2016) critica la falta de una explicación causal del realismo normativo y propone el constructivismo como solución, en donde la verdad normativa se deriva de juicios que soportan el escrutinio del propio punto de vista práctico. Dworkin (1996, 2011), por su parte, rechaza la hipótesis de dependencia causal y defiende una epistemología integrada basada en la responsabilidad moral. El trabajo concluye con una discusión sobre si es posible una aproximación entre ambas perspectivas, considerando la crítica de Street y la respuesta de Dworkin.

Palabras clave: realismo normativo; antirrealismo normativo; constructivismo; epistemología integrada; verdad moral.

Sharon Street’s Critique of Ronald Dworkin’s Moral Realism: A Reconstruction and Open Tensions

 

Abstract

This paper analyzes Sharon Street’s critique of Ronald Dworkin. It reconstructs Street’s argument in Objectivity and Truth: You’d Better Rethink It, where Street (2016) defends normative antirealism against Dworkin’s normative realism, arguing that the latter generates an irreconcilable tension between the theoretical and practical points of view. Street (2016) criticizes the absence of a causal explanation for normative realism and proposes constructivism as a solution, according to which normative truth derives from judgments that withstand scrutiny from the agent’s own practical point of view. Dworkin (1996, 2011), by contrast, rejects the causal dependence hypothesis and defends an integrated epistemology grounded in moral responsibility. The paper concludes by discussing whether an approximation between both perspectives is possible in light of Street’s critique and Dworkin’s response.

Key words: normative realism; normative antirealism; constructivism; integrated epistemology; moral truth.

  1. Introducción

El debate metaético actual se articula en torno a dos perspectivas contrapuestas: el realismo normativo y el antirrealismo normativo (Luque Sánchez, 2011). Estas posiciones contrapuestas abordan la cuestión de si existen hechos morales objetivos e independientes de las actitudes evaluativas de las personas y cómo se pueden justificar estos juicios morales y normativos. Lo que se ha denominado «metaética de las razones» se centra en proporcionar una justificación para las exigencias morales e intenta fundamentar la ética a través de razones y del análisis de la objetividad de dichas exigencias morales (Caviglia, 2022).

En las últimas décadas, el debate metaético ha estado fuertemente marcado por la discusión en torno al estatuto de las razones normativas y la objetividad moral. Algunos autores como Derek Parfit (2011) y T.M. Scanlon (2014) han defendido distintas versiones de realismo acerca de las razones, mientras que planteamientos como los de Allan Gibbard (1990) y Simon Blackburn (1993) han intentado explicar la normatividad sin compromisos ontológicos robustos. La discusión entre estas propuestas permite así examinar si la objetividad moral puede sostenerse dentro de un marco internalista de justificación, o si requiere algún tipo de independencia más fuerte respecto de nuestras actitudes evaluativas.

Ronald Dworkin (2011) y Sharon Street (2016) representan dos posturas distintas en este debate. Dworkin, defensor del realismo moral, sostiene que los juicios morales pueden ser verdaderos o falsos de manera objetiva, independientemente de nuestras creencias y actitudes. Por otro lado, Street aboga por un antirrealismo normativo, argumentando que la verdad moral está intrínsecamente ligada a las perspectivas prácticas evaluativas de los agentes morales y no puede existir de manera independiente.

Esta discusión se inscribe en el debate entre internalismo y externalismo moral. El internalismo, en términos generales, sostiene que existe una conexión necesaria entre los juicios morales y la motivación del agente, mientras que el externalismo niega esa conexión (Smith, 1994). En este caso, la distinción contribuye a comprender el desacuerdo entre Street, quien fundamenta la normatividad en el punto de vista práctico y las actitudes evaluativas del agente, y Dworkin, quien defiende la objetividad de la verdad moral independientemente de dichas actitudes.

Este artículo se centra en la crítica de Sharon Street (2016) al realismo moral de Ronald Dworkin (1996), posteriormente desarrollada en Justice for Hedgehogs (2011). Street plantea una serie de objeciones al proyecto dworkiniano, enfocándose especialmente en la tensión aparentemente irreconciliable entre los puntos de vista teórico y práctico en la epistemología moral de Dworkin. Además, esta crítica abre la posibilidad de proponer el constructivismo como una alternativa más coherente para entender la verdad moral. En la discusión que sigue, se explorarán los argumentos centrales de Street y las posibles objeciones de Dworkin a sus críticas, evaluando la posibilidad de aproximar estas perspectivas opuestas dentro de un marco más sensible a los elementos de encuentro entre ellas.

Este artículo sostiene que la solución constructivista de Street no resuelve completamente el problema de la coincidencia entre verdad normativa y explicación causal, ya que deja abierta la posibilidad de divergencias normativas entre agentes idealmente coherentes.

Metodológicamente, el artículo procede mediante reconstrucción argumentativa de las posiciones de Street y Dworkin y la evaluación conceptual de las posibilidades de compatibilización entre ambas perspectivas.

  1. Reconstrucción de los planteamientos generales del artículo “Objectivity and Truth: You’d Better Rethink It” de Sharon Street

Lo que sigue es una exposición exhaustiva del artículo “Objectivity and Truth: You’d Better Rethink It” de Sharon Street (2016), además, vale la pena aclarar que cuando se hace referencia a los puntos de vista de Ronald Dworkin (1996), a menos que se explicite lo contrario, también pertenecen a la lectura propia que la autora realiza en tal artículo.

Street (2016) comienza su argumento planteando dos puntos de vista. Por un lado, el práctico, entendido como la posibilidad de realizar juicios normativos verdaderos en un sentido completamente práctico y superficial. Por otro lado, el teórico, es decir, la consideración de que se vive en un mundo de causas y efectos y que los propios juicios normativos están sujetos a una explicación causal. Para la autora es inevitable adoptar ambos puntos de vista. En el sentido práctico, no se puede evitar la pregunta acerca de cuáles son nuestras mejores o más valiosas acciones posibles. En el sentido teórico, tampoco se puede evitar tomar como objeto de análisis los propios juicios normativos y preguntarse por sus causas y efectos. Precisamente porque ambos puntos de vista son ineludibles y constituyen dimensiones complementarias de nuestra agencia —uno orientado a la deliberación y la acción, el otro a la explicación—, Street sostiene que no deberían entrar en conflicto, ya que una tensión entre ellos comprometería la coherencia de nuestra práctica normativa.

Para que se cumpla la armonía entre ambos puntos de vista, es decir, que sean verdaderos y sujetos a explicaciones causales, Street (2016) contrapone una perspectiva antirrealista normativa a una realista normativa. Para esto, defiende la primera perspectiva y afirma que la segunda genera una irreconciliable tensión entre los puntos de vista teórico y práctico, entre que sean verdaderos y tengan un origen causal.

El realismo normativo es definido por Street (2016) como la tesis según la cual existen hechos normativos independientes de las actitudes evaluativas de los agentes. Esta caracterización coincide con perspectivas realistas como las defendidas por Parfit (2011) y Scanlon (2014), quienes sostienen que existen razones normativas objetivas que no dependen de los deseos, preferencias o compromisos contingentes de los individuos. En contraste, autores como Gibbard (1990) y Blackburn (1993) han desarrollado formas de antirrealismo metaético que buscan explicar la normatividad sin postular hechos normativos independientes. En este debate se inscribe el constructivismo de Street, aunque con una diferencia relevante respecto del expresivismo, ya que sostiene que los juicios morales constituyen creencias cuya verdad depende de las relaciones que mantienen con el punto de vista práctico del agente, entendido como el conjunto de sus actitudes evaluativas. De esta manera, un agente puede tener una razón normativa para actuar de determinada manera, más allá de que su conclusión no se siga de sus actitudes evaluativas. Street (2016, p. 3) define «actitudes evaluativas» como aquellos estados, deseos, actitudes de aprobación y desaprobación, juicios normativos conscientes o inconscientes, y aquello que consideramos mejor, bueno, valioso o correcto (así como sus opuestos).

Mientras tanto, el antirrealismo normativo considera que no hay hechos morales o verdaderos independientes del conjunto de actitudes evaluativas. Un ejemplo sería el caso de un agente que tiene razones normativas para afirmar X porque se siguen de su punto de vista práctico, que a su vez, están en armonía con su conjunto de actitudes evaluativas. Por lo tanto, en este caso, el agente tendría razones normativas para afirmar X.

Para clarificar la distinción entre realismo/antirrealismo, Street (2016) plantea el caso de Calígula idealmente coherente. En este ejemplo, Calígula piensa que tiene razones normativas para torturar a otros por diversión y esto se deriva de su propio punto de vista práctico. Por lo tanto, es consecuente. De acuerdo al realismo normativo, según Street (2016), no tendría razones para torturar por diversión porque hay razones mejores, como no torturar a otros por diversión, que se tienen independientemente del conjunto de actitudes evaluativas propias.

Desde una postura que la autora denomina antirrealista normativa kantiana, las razones normativas no se conciben como hechos independientes del punto de vista del agente, sino que se constituyen a partir de su propia actividad práctica. En este sentido, afirmar que se tiene una razón para X implica que dicho juicio puede sostenerse desde un punto de vista práctico que el agente puede asumir coherentemente. Además, ese juicio debe poder universalizarse, es decir, debe poder afirmarse como válido para cualquier agente en circunstancias similares. En el ejemplo de Calígula, entonces, no tendría una razón normativa, ya que su juicio no podría sostenerse bajo esa exigencia de universalización. Street (2016) asocia esta postura con Christine Korsgaard, quien en The Sources of Normativity (2011) sostiene que quien afirma un juicio normativo se compromete, al mismo tiempo, con la valoración de la humanidad como tal.

Un ejemplo de lo que Street (2016) denomina «antirrealismo humeano» es el caso de personajes como Calígula, quienes podrían tener razón en torturar a otros por diversión, siempre que esa conclusión se derive de manera coherente de sus propios conjuntos de actitudes evaluativas. Street admite explícitamente que, en esta versión humeana del constructivismo, un agente idealmente coherente como Calígula puede tener razones normativas divergentes de las nuestras sin que ello constituya un error (Street, 2010; 2016).

El objetivo del artículo de Street (2016), según la propia autora, es responder al artículo de Dworkin, “Objectivity and Truth: You’d Better Believe It” (1996). Según Street (2016), en dicho artículo, Dworkin (1996) defiende una versión del realismo normativo que considera no ha tenido una respuesta adecuada por parte de los defensores del antirrealismo. Street afirma que adopta la mayoría de los puntos de vista del artículo de Dworkin pero critica la afirmación normativa interna (internal normative claim), ya que no implica el punto de vista práctico integrado con el punto de vista teórico. Esta situación, según Street (2016), produce inestabilidad y convierte al realismo en una especie de fe sin razón. Así que, como consecuencia de esto, adopta el antirrealismo como postura propia.

Para Street (2016), el objetivo principal de Dworkin (1996) es argumentar en contra del escepticismo externo. Es decir, aquella postura que busca establecer su escepticismo fuera del dominio normativo, pretendiendo que no hay ninguna premisa normativa, ni verdad normativa en su argumentación. Entonces, Street (2016, p. 10) plantea leer el artículo de Dworkin (1996) como una nueva versión de la ley de Hume (Hume, 1739/1978), principio según el cual ningún enunciado normativo puede derivarse válidamente de un conjunto de premisas exclusivamente descriptivas. Esto implica que debe haber al menos una declaración normativa entre las premisas para que la conclusión también lo sea. Street entiende que la consideración de Dworkin acerca de que los hechos morales se encuentren en un reino independiente, se comprende como una forma metafórica de afirmar que lo correcto y lo incorrecto no varían con las opiniones y los puntos de vista de las personas.

Street (2016, p. 12) plantea lo que llama el enigma práctico-teórico; esto significa que, al aceptar la consideración de los juicios normativos como verdaderos, hay una fuerte coincidencia entre que sean verdaderos y la causa que nos fuerce a creer en ellos. Street no presupone nada sobre qué tipo de explicación se necesita ni tampoco descarta que simplemente no haya una explicación definitiva; pero sí plantea la necesidad de encontrar, por lo menos, algún tipo de relato explicativo.

La solución al enigma planteada por Street es de carácter normativa, ya que el constructivismo se entiende como la tesis según la cual la verdad de una afirmación normativa consiste en que esta se siga desde el punto de vista práctico del agente, es decir, de sus actitudes evaluativas (Street, 2010). Street lo considera como una parte del antirrealismo y ejemplifica:

Para ver cómo el antirrealismo resuelve el enigma, considérese el constructivismo, una versión específica del antirrealismo. Según la versión que prefiero, el hecho de que X sea una razón para que el agente A haga Y está constituido por el hecho de que el juicio de que X es una razón (para A) para Y resiste el escrutinio desde el punto de vista de los otros juicios de A sobre razones. Así, por ejemplo, que sea divertido es una razón para que A patee perros si y solo si ese juicio normativo resiste el escrutinio desde el punto de vista de los otros juicios de A sobre razones; de hecho, que A tenga esa razón está constituido por ese hecho.[2]

Entonces, según Street, un hecho normativo —que X sea una razón para que A haga Y— está constituido por el hecho de que el juicio correspondiente resista el escrutinio desde el conjunto de los demás juicios normativos del propio agente. En este sentido, un juicio es verdadero para un agente en la medida en que logra sostenerse frente a sus otros juicios acerca de razones.

Para Street (2016), Dworkin (1996) enfrenta el mismo enigma, ya que cree que puede reconocer juicios normativos verdaderos, independiente de las actitudes evaluativas y, además, implica que existen buenas explicaciones para justificar la verdad de esos juicios. Entonces, afirma Street, también en el planteamiento de Dworkin hay una coincidencia que tiene que ser explicada. Según Street, la respuesta de Dworkin (1996) a dicho enigma es que es simplemente una coincidencia. Es un “golpe de suerte” (p.125) la alineación entre la verdad de los juicios normativos y la causa que nos lleva a creer y actuar conforme a ellos. Esta respuesta ha sido caracterizada posteriormente como una coincidence explanation (explicación por coincidencia), según la cual la coincidencia entre nuestros juicios normativos y una verdad normativa independiente no requiere una explicación causal adicional (Hopster, 2019, p. 265).

La crítica de Street se basa en la improbabilidad de que hayamos dado con la verdad entre las muchas posibilidades normativas. Bedke (2014) reformula esta dificultad en términos de la insensibilidad de nuestras creencias a los hechos normativos. Si los hechos normativos fueran distintos, nuestras creencias permanecerían inalteradas, lo que refuerza el desafío epistemológico formulado por Street (Bedke, 2014, p. 114).

Vavova (2015, p. 104) sitúa los argumentos de Street (2006; 2008) en el marco más amplio de los desafíos epistemológicos a la justificación de nuestras creencias morales que han recibido atención en la metaética contemporánea. Distingue tres tipos de desafíos que suelen confundirse: el escéptico, que apela a la mera posibilidad de error; el que ella denomina «optometrista», que proporciona evidencia de error; y un tercer tipo, que no requiere una premisa empírica y se basa en la improbabilidad de haber dado con la verdad entre muchas posibilidades normativas. Este último tipo, que Vavova identifica en la obra de Street, es el que plantea el problema de la coincidencia, pero advierte que, si no se formula con cuidado, puede derivar en un escepticismo general (Vavova, 2015, pp. 104-105). Esta distinción permite ver que el desafío de Street pertenece a la familia de los argumentos basados en la coincidencia (Bedke, 2014; Joyce, 2006), y que su fuerza depende de que se distinga adecuadamente del escepticismo global.

Es posible para Dworkin, según Street, que en algunos casos se pueda encontrar una “conexión normativa” que permita encontrar los orígenes causales de algún juicio o punto normativo, aunque para Dworkin, simplemente ante la ausencia de cualquier conexión normativa, se debe entender la coincidencia como lo que considera que es, una simple coincidencia y nada más. Los juicios normativos verdaderos serían aquellos que nos conducen a afirmarlos y, de nuevo, no hay mayor implicancia. Acerca del enigma práctico-teórico para Dworkin, según Street, no tiene más sentido cuestionarse, ya que no conduce ni aporta nada más.

Dado que el realista normativo no tiene ninguna razón normativa incuestionable para pensar que las fuerzas causales que le otorgaron su propio conjunto de actitudes evaluativas sean las mismas que las de la verdad normativa independiente, entonces, según Street (2016), el realista debería concluir que sus juicios y puntos de vista normativos, con toda probabilidad, no se corresponden con la verdad independiente que el propio realista normativo postula. La fuerza de esta objeción depende, en parte, del conjunto de posibilidades normativas que se considere relevante para evaluar esa coincidencia (Hopster, 2019).

Si se consideran los juicios normativos individuales, según Street (2016), hay muchas razones normativas no trivialmente cuestionables para considerar que los juicios normativos son verdaderos. Desde una perspectiva realista normativa, la respuesta de Dworkin al enigma teórico-práctico es satisfactoria, pero para Street, la cuestión no se trata desde un punto de vista individual sino de juicios normativos generales. Cualquiera que sea la perspectiva normativa específica, se está forzado a pensar que hay una coincidencia general entre la verdad de los juicios normativos y aquellos cuya fuerza causal lleva a realizarlos. Es precisamente en este punto que considera que la respuesta de Dworkin fracasa. Los realistas normativos y los individuos idealmente coherentes podrían defender sus propias premisas de una forma similar, perfectamente consistente, y en este caso, según Street, lo único que afirma Dworkin es que las capacidades para realizar juicios morales son mejores en su caso, su sistema simplemente es mejor y verdadero. Lo que concluye Street es que si hay una verdad independiente es probable pensar que no coincida con los juicios normativos propios, pero creer esto no es plausible. Entonces, lo que hay que abandonar es la propia suposición de verdades normativas independientes.

Para finalizar, Street (2016) rechaza una causa epistemológica para el dominio normativo; cree que tiene una epistemología diferente en vista de su tema específico, ya que la armonía del enigma teórico-práctico no es análoga a los objetos que se manifiestan a nuestro alrededor con poder causal, pero lo que sí asume es que debe haber algún tipo de epistemología. En el dominio normativo, cree que si se abandona una postura realista y se adopta el constructivismo se tiene una razón interna para mantener la esperanza en la verdad normativa, a pesar de cualquier ataque escéptico.

Así, la epistemología que plantea no es causal, sino que la verdad se conoce investigando como si fuera una cuestión lógica e instrumental desde el propio punto de vista en combinación con hechos no normativos. Esta posición es la que Street considera la más plausible de defender, al menos en el dominio normativo. Pero la reconstrucción presentada muestra que, si bien Street construye su antirrealismo como respuesta al problema de la coincidencia entre verdad y causas, su solución constructivista implica la cuestión de cómo evitar divergencias normativas entre agentes idealmente coherentes.

III. Breve presentación del planteamiento de Ronald Dworkin

Si bien Ronald Dworkin reflexiona sobre todas las cuestiones antes planteadas en su libro Justice for Hedgehogs (2011), es en la nota 9 de ese libro donde dedica un breve desarrollo específico a responder a las críticas de Street (2016). Dworkin parece replicarle a Street que en su argumento se esconde la tesis de la dependencia causal. Según Dworkin (2011, pp. 446-447), Street da por sentado que la inexistencia de una explicación causal interna de nuestras convicciones implica también la imposibilidad de justificarlas mediante razones internas. Antes de aclarar este punto, presentaré parte de algunos de los argumentos de Dworkin en dicho libro.

Para Dworkin (2011, p. 37), la verdad de un juicio moral depende de la exhibición que se haga de argumentos morales en respaldo de ese juicio. Un argumento moral es adecuado en virtud de otro argumento moral en su favor; en este punto, la justificación es explícitamente circular: una buena explicación es también una justificación suficiente para convalidar la creencia moral. Dworkin (2011, p. 70) denomina hipótesis del impacto causal a la idea de que existen hechos morales que pueden causar convicciones morales en las personas, hipótesis que Dworkin y los escépticos externos rechazan, mientras que los realistas normativos aceptan.

Dworkin (2011, p. 76) define también lo que llama la hipótesis de dependencia causal, la cual implica que solo si la hipótesis de impacto causal es verdadera se pueden tener razones sólidas para considerar que un juicio moral se encuentra en una relación correcta con la verdad. Para Dworkin, la hipótesis del impacto causal es una afirmación sobre hechos y la hipótesis de dependencia causal es una afirmación moral, que involucra lo que se considera como adecuado y necesario para tener una convicción moral. Según Dworkin, en las convicciones morales, las explicaciones son cuestiones de hecho y las justificaciones son cuestiones de moral.

El dominio moral que plantea Dworkin (2011, p. 82) se basa en una cuestión de argumentación y no de evidencia. La responsabilidad moral es parte de la teoría que plantea para decidir si se tiene derecho a tener una opinión moral y actuar en base a ella, esto es lo que define como una epistemología integrada. Cabe señalar que la posición de Ronald Dworkin (2011) se inscribe dentro del realismo moral no naturalista, a veces denominado “quietismo”, compartido por autores como Derek Parfit (2011). Esta tradición sostiene la objetividad de los juicios morales sin compromisos metafísicos robustos, privilegiando la argumentación interna a la práctica moral. En este caso, se realizan supuestos acerca de lo verdadero para probar las teorías que afirman y decidir qué es lo verdadero. En este sentido, es una epistemología interpretativa que intenta alcanzar una integridad global, a través de una búsqueda exhaustiva entre las propias convicciones morales.

La responsabilidad moral, según Dworkin (2011), es un proyecto que siempre se está ejecutando. El agente llega a determinadas verdades morales a partir de la coherencia y la integración de otras premisas con otros juicios verdaderos. Es un ejercicio que nunca se completa, siempre se está reinterpretando el punto que se utiliza o se quiere defender. Además, Dworkin considera que hay un éxito posible en esta indagación, aunque no admita ninguna demostración. Es necesario tener presente el interés por alcanzarlo. Por eso, el agente debe realizar siempre el esfuerzo de presentar la mejor argumentación moral posible, con miras a la integridad y la autenticidad moral.

Los juicios morales son interpretativos, por lo tanto, según Dworkin (2011), no pueden ser meramente verdaderos, ya que la interpretación es un fenómeno social que involucra prácticas sociales. Es cuando se interpretan esas prácticas de forma individual, que lo que se hace es atribuir cierto propósito a un caso específico y dar la mejor versión de ese propósito. Esto es, precisamente, según Dworkin (2011), lo que se hace cuando se discute sobre moral: se dan razonamientos morales que son interpretaciones conceptuales y se comparten los conceptos interpretativos cuando hay acuerdo. También hay ciertos paradigmas morales en una comunidad, de los cuales Dworkin afirma que no se puede decir mucho más.

Los conceptos morales designan valores. Por medio de ellos y a través de la argumentación, y teniendo presentes todas las características de la responsabilidad moral que enuncia Dworkin (2011), se llega a afirmaciones morales. Estas pueden ser objetivamente verdaderas cuando son el resultado de la mejor justificación que cumple el concepto interpretativo, ofreciendo la mejor explicación para un determinado comportamiento en una comunidad. De esta manera, la hipótesis de la dependencia causal resulta inadecuada, ya que para Dworkin la validez de los juicios morales no depende de su origen causal, sino de su justificación interpretativa dentro de la práctica moral.

  1. Alcance y límites del desacuerdo entre Street y Dworkin

Resulta difícil comprender el cuestionamiento de Dworkin hacia Street según el cual su planteamiento encubriría la hipótesis de dependencia causal, dado que ambas posturas rechazan explícitamente dicha hipótesis. El dominio en que se maneja Street es interno. En su caso, se llega a la verdad moral a través de un punto de vista instrumental, por más que no haya razón de tipo causal para considerar las convicciones como verdaderas, la razón es interna, se analiza el juicio en referencia al punto de vista práctico. Street (2016) afirma que, por ejemplo, al momento de explicar la verdad de los juicios científicos siempre se puede dar más información, además del hecho de simplemente sostener que los juicios en ese ámbito son verdaderos, a diferencia del dominio normativo que, según Street, no se puede decir nada más que son verdaderos. Esta asimetría reproduce la dicotomía entre enunciados de hecho y enunciados de valor, ya que en el dominio normativo la justificación no puede apelar a hechos independientes del punto de vista práctico. La verdad normativa no se descubre como un hecho del mundo, sino que se constituye a partir de juicios que resisten el escrutinio desde el propio punto de vista práctico; no hay un “hecho” normativo al que remitirse fuera de las propias actitudes evaluativas. Sin embargo, Dworkin (2011) interpreta el planteamiento de Street en sentido contrario, al sostener que este presupone la hipótesis de dependencia causal.

Uno de los propósitos de Street (2016) en su argumentación es superar el reto escéptico. Este reto adquiere un carácter distinto según se privilegie una justificación internalista o una concepción de la objetividad moral independiente de las actitudes evaluativas del agente. Mientras Street sostiene que la respuesta al escepticismo debe encontrarse en razones internas al propio punto de vista práctico, Dworkin considera que la objetividad moral puede defenderse sin recurrir a una explicación causal de nuestras convicciones normativas. En la medida en que se puede ser juez de los propios juicios morales a través de una indagación instrumental, se pueden dar razones internas de la verdad de los juicios normativos y se puede superar el “reto del hipnotista” que hace que se pierda el conocimiento de la fuerza causal de los juicios, aunque siempre se puede sofisticar aún más al genio maligno. En última instancia, el genio maligno funciona como un caso de desafío para seguir superando obstáculos teóricos que, supuestamente, refinan más la teoría.

Street (2016) apela a que el constructivismo supera ese desafío específico, aunque también podría plantearse un hipnotista que haga creer que se llega a la verdad de un juicio moral negando el resultado de la función instrumental de la epistemología moral de Street. Por lo tanto, todos los juicios, incluso los falsos, es decir, la negación de los verdaderos, se creerían igualmente verdaderos. Y como, para Street, la verdad moral no es independiente del punto de vista práctico, en ese escenario se perdería la posibilidad misma de distinguir la verdad moral.

El otro problema que quiere afrontar Street (2016) es el relativismo. Puede haber un equipo moralmente coherente que esté en contra de lo que podríamos llamar “el equipo Dworkin”. Entonces, cómo decidir quién tiene razón si ambos son moralmente coherentes. Según Street, Dworkin carece de fuerza argumentativa para proclamar que su posición maneja las verdades morales frente a un equipo igualmente coherente. Sin embargo, desde la perspectiva dworkiniana, esto no constituye un problema sino una confirmación: lo que hay entre equipos moralmente coherentes, pero en desacuerdo es precisamente una discusión sustantiva, y en ese marco no se requieren ni se esperan recursos adicionales de resolución.

La independencia de la verdad de Dworkin (2011) le permite que potencialmente siempre haya una discusión futura posible y siempre pueda haber algún tipo de desarrollo o cambio moral. En este punto, más allá de todos los detalles e incluso de su teoría unificada del valor, no deja de ser una extensión de la ley de Hume. Se tiene un juicio moral, sobre esto y un “paquete interpretativo” más o menos complejo, llegamos a otro juicio moral.

Que el valor de verdad de los juicios morales no dependa de los sujetos, ni de los hechos, no quiere decir que alcanzar ese valor de verdad no sea el resultado de una práctica interpretativa. La independencia de la verdad en Dworkin (2011) parecería ser lo que le permite responder a cualquier “complacencia moral”, como una “alarma” que constantemente obliga a hacer el mayor esfuerzo posible para obtener la mejor decisión posible dentro de todas las opciones disponibles, y asegurar que ni siquiera el consenso total sea sinónimo de una garantía de verdad, ya que siempre es necesaria la argumentación moral más exigente.

Street (2016, p. 20) sostiene que el planteamiento de Dworkin (2011) es análogo al de alguien que se cree ganador de la lotería sin tener indicios de su victoria, creyendo que tiene el único ticket ganador, pero sin poder confirmar propiamente que su ticket es el que coincide con el resultado del sorteo. En este ejemplo, los participantes representan distintos agentes normativos y sus tickets simbolizan los conjuntos de razones que cada uno puede ofrecer en favor de sus juicios. A través de la argumentación, esas razones compiten entre sí y quien supera el examen crítico alcanza, metafóricamente, el premio de la verdad moral. La analogía ilustra el problema central señalado por Street: el realista normativo puede creer que sus juicios son verdaderos, pero carece de una explicación de por qué precisamente esos juicios coinciden con la verdad moral independiente que postula. De todas formas, nos encontramos simplemente con una discusión o competencia sustantiva estándar, que es la posición que defiende Dworkin. Y esto es quizás lo más fuerte que afirma el autor, que el proyecto metaético no tiene lugar y que las discusiones sobre moral son argumentos sustantivos unos en contra de otros. Sin embargo, no resulta evidente que Street supere la discusión sustantiva mediante su posicionamiento. La pregunta de qué se gana anclando la verdad en las actitudes evaluativas y el punto de vista práctico no tiene una respuesta clara si el constructivismo no logra superar el desafío escéptico de manera concluyente.

Acerca del enigma práctico-teórico, si desde un punto de vista práctico se tienen juicios verdaderos y desde un punto de vista teórico hay una epistemología integrada como la que presenta Dworkin (2011), tal enigma no tendría tanta importancia. Ya que el juicio moral es una cuestión de justificación, y al ser independiente, si estamos justificados en la responsabilidad moral, no importaría cuáles fueron las causas de esa convicción.

Por un lado, tenemos la epistemología instrumental de Street (2016), por el otro, la epistemología integrada de Dworkin (2011). En ambos la causalidad se deja de lado, en uno, por la investigación instrumental desde el propio punto de vista en combinación con hechos no normativos. En el otro, con una justificación circular del valor y con una teoría de la responsabilidad moral en una epistemología integrada en una red de valores.

La posibilidad de un acercamiento entre ambas perspectivas es limitada, pero no del todo descartable. Dworkin no aceptaría que la verdad moral se ancle en el punto de vista práctico propio, pero podría reconocerse que la instancia de evaluar los juicios desde ese punto de vista puede entenderse como un momento inicial de la responsabilidad moral en sentido dworkiniano, ya que esta exige que el agente examine críticamente sus propias convicciones y procure justificarlas mediante la mejor argumentación moral disponible. Ese examen inicial no agota la responsabilidad moral tal como la entiende Dworkin, pero constituye una condición necesaria para su ejercicio.

¿Podría Street aceptar la epistemología integrada de Dworkin? La compatibilización entre ambas perspectivas solo puede sostenerse en un plano limitado. Tanto Street (2016) como Dworkin (2011) rechazan que la verdad normativa requiera una explicación causal y comparten una epistemología no causal, aunque desarrollan propuestas diferentes para justificar la verdad normativa. Sin embargo, Street objetaría que Dworkin continúa postulando una verdad normativa independiente del punto de vista práctico, mientras que Dworkin rechazaría que la verdad normativa dependa de las actitudes evaluativas del agente. Además, Dworkin sostiene que la exigencia de Street de una explicación de la coincidencia entre verdad y causas presupone la hipótesis de dependencia causal, que él considera inapropiada para el dominio moral. Estas diferencias impiden una conciliación plena, pero muestran que ambos proyectos comparten una epistemología no causal, instrumental en el caso de Street e interpretativa en el de Dworkin. El desacuerdo se concentra así en la caracterización de la verdad normativa, una disputa que, si bien tiene alcance metaético, no puede resolverse sin apelar a argumentos morales sustantivos.

Street le exige a Dworkin una explicación de la verdad que vaya más allá de la circularidad, circularidad que el propio Dworkin admite sin dificultad. Pero la misma exigencia recae sobre Street: aceptar su epistemología instrumental de la verdad normativa requiere, también, un juicio sustantivo a su favor. Ninguno de los dos proyectos escapa a esta condición.

Si bien Street (2016) plantea lo que considera un caso de coherencia ideal, tampoco desarrolla qué sería un caso moralmente exitoso, aunque menciona ciertos estándares de corrección que determinan lo que son y no son errores y afirma que hay objetividad en el constructivismo. No presenta una mayor ampliación sobre estos puntos.

El desacuerdo entre Street y Dworkin no es irreconciliable en todos los planos, sino que se concentra principalmente en la caracterización metaética de la verdad, más que en la práctica de la argumentación moral. Este desacuerdo es metaético en un sentido y no lo es en otro. La discusión acerca de si la verdad normativa depende o no del punto de vista práctico del agente pertenece claramente al plano metaético, ya que refiere a la naturaleza y las condiciones de la verdad moral. Una vez descartada la dependencia causal como criterio de justificación, la elección entre ambas propuestas ya no puede resolverse únicamente mediante argumentos metaéticos, sino que exige evaluar cuál ofrece una mejor justificación de nuestros juicios morales. La controversia conserva, entonces, un núcleo metaético, pero su resolución requiere apelar también a argumentos morales de primer orden. No obstante, la admisión de la propia Street respecto a la posible divergencia entre agentes idealmente coherentes revela que el constructivismo no resuelve el problema de la coincidencia en un sentido interpersonal. De esto se sigue que la elección entre ambos proyectos no puede dirimirse en el plano metaético, sino que exige apelar a argumentos morales sustantivos de primer orden, terreno en el que, ninguno de los dos, cuenta con una ventaja estructural garantizada.

  1. Consideraciones finales

Si nos atenemos a lo que explícitamente sostienen Street (2016) y Dworkin (2011), ambas posiciones rechazan la hipótesis de dependencia causal. En ninguno de los dos casos la verdad moral depende de su origen causal. En Street, la verdad normativa se determina desde el punto de vista práctico mediante una investigación instrumental; en Dworkin, mediante una epistemología integrada que apela a la responsabilidad moral y a la mejor justificación interpretativa. En este sentido, resulta difícil sostener que el constructivismo de Street encubra la hipótesis que Dworkin le atribuye, dado que su planteamiento permanece en un dominio interno.

Sin embargo, la diferencia entre ambas perspectivas no desaparece. Dworkin insiste en la independencia de la verdad moral, mientras que Street la vincula a la función instrumental del punto de vista práctico. La cuestión es si esa diferencia modifica efectivamente el estatuto de la discusión moral o si, en última instancia, ambos enfoques conducen a una controversia sustantiva acerca de qué argumentos son mejores. En relación con el desafío escéptico, Street pretende superarlo mostrando que se pueden dar razones internas para la verdad normativa, pero cabe preguntarse si esta estrategia logra algo más que reformular el problema dentro de la práctica misma. Por otro lado, la independencia defendida por Dworkin tampoco elimina la necesidad de argumentación moral exigente.

La relevancia de este desacuerdo excede el caso puntual de Street y Dworkin, ya que la tensión entre versiones de realismo no naturalista y posiciones constructivistas atraviesa buena parte de la metaética contemporánea, tal como se señaló al inicio de este trabajo. El desafío epistemológico formulado por Street contra Dworkin no se limita a su epistemología integrada, sino que alcanza a cualquier postura realista no naturalista que sostenga la existencia de verdades normativas independientes de nuestras actitudes evaluativas y carentes de eficacia causal. Estas posiciones deben responder a la dificultad de explicar por qué las causas de nuestras convicciones morales coinciden con esas verdades. Sin embargo, se ha señalado que este desafío funciona mejor como una objeción dirigida contra ciertas versiones del realismo no naturalista que como un argumento concluyente contra toda forma de realismo normativo (Hopster, 2019). La discusión reconstruida muestra una tensión más amplia entre dos formas de comprender la objetividad normativa, una vinculada con la existencia de verdades independientes de nuestras actitudes evaluativas y otra centrada en la constitución de la normatividad desde el punto de vista práctico del agente.

Si Dworkin tiene razón al sostener que las controversias morales no requieren un punto de vista externo a la propia práctica normativa, su posición posee una ventaja metodológica frente a la estrategia constructivista de Street, ya que evita introducir un nivel adicional de explicación acerca de cómo accedemos a la verdad moral. La justificación moral no depende, en este caso, de una explicación adicional acerca de la relación entre nuestras convicciones y los hechos normativos, sino de la elaboración de los mejores argumentos disponibles dentro de la propia práctica moral. La epistemología instrumental de Street busca responder esta dificultad, aunque queda abierta la cuestión de si este procedimiento aporta una solución independiente o si sus propios criterios de evaluación terminan formando parte de la misma discusión sustantiva que pretende fundamentar.

Por esto, puede sostenerse que el desacuerdo entre Street y Dworkin se concentra en la caracterización metaética de la verdad, más que en la práctica misma de la argumentación moral. En principio, la discusión sustantiva no queda superada por ninguno de los dos proyectos, sino que constituye el terreno en el que ambos deben sostener sus respectivas posiciones. De esto se sigue que la pretendida superioridad del constructivismo sobre el realismo carece de un fundamento metaético concluyente, la preferencia por uno u otro proyecto es, en última instancia, una cuestión sustantiva que debe dirimir mediante argumentos morales de primer orden.

Esto significa que, si el criterio de justificación depende del conjunto de juicios del agente, entonces, no resulta evidente que distintos agentes idealmente coherentes converjan en las mismas conclusiones normativas. En consecuencia, la coherencia interna, aunque necesaria, podría no ser suficiente para garantizar la objetividad normativa en el sentido fuerte que la propia Street busca preservar. Este resultado sugiere que algunas controversias entre realistas y antirrealistas normativos podrían admitir mayores puntos de contacto de los que habitualmente se reconocen. El problema que permanece abierto es si una teoría metaética de la verdad normativa aporta una ventaja independiente respecto de la propia práctica de la argumentación moral.

REFERENCIAS

Bedke, M. (2014). No coincidence?. En R. Shafer-Landau (Ed.), Oxford Studies in Metaethics (Vol. 9, pp. 102-125). Oxford University Press.

Blackburn, S. (1993). Essays in Quasi-Realism. Oxford University Press.

Dworkin, R. (1996). Objectivity and truth: You’d better believe it. Philosophy & Public Affairs, 25(2), 87-139.

___________(2011). Justice for Hedgehogs. Harvard University Press.

Caviglia, A. (2022). El constructivismo y la teoría moral kantiana. Un ensayo sobre la objetividad de las distinciones morales. Estudios de Filosofía, 20, 33-53.

Gibbard, A. (1990). Wise Choices, Apt Feelings: A Theory of Normative Judgment. Harvard University Press.

Hopster, J. (2019). Striking coincidences: How realists should reason about them. Ratio, 32(4), 260–274. https://doi.org/10.1111/rati.12221

Hume, D. (1978). A Treatise of Human Nature (L. A. Selby-Bigge & P. H. Nidditch, Eds., 2nd ed.). Oxford University Press.

Joyce, R. (2006). The Evolution of Morality. MIT Press.

Korsgaard, C. M. (2011). The Sources of Normativity. Cambridge University Press.

Luque Sánchez, P. (2011). Las dos vías del realismo moral. Discusiones, 10, 275–283. https://doi.org/10.52292/j.dsc.2011.2531

Parfit, D. (2011). On what matters (Vol. 1). Oxford University Press.

Scanlon, T. M. (2014). Being Realistic about Reasons. Oxford University Press.

Smith, M. (1994). The Moral Pproblem. Blackwell.

Street, S. (2006). A Darwinian dilemma for realist theories of value. Philosophical Studies, 127, 109-166. https://doi.org/10.1007/s11098-005-1726-6

________(2008). Reply to Copp: Naturalism, normativity, and the varieties of realism worth worrying about. Philosophical Issues, 18(1), 207-228.

________ (2010). What is Constructivism in ethics and metaethics? Philosophy Compass, 5(5), 363-384. https://doi.org/10.1111/j.1747-9991.2009.00280.x.

________(2016). Objectivity and truth: You’d better rethink it. En R. Shaffer-Landau (Ed.) Oxford Studies in  Metaethics. (Vol. 11, pp. 293–334). Oxford University Press.

Vavova, K. (2015). Evolutionary debunking of moral realism. Philosophy Compass,  10(2), 104-116. https://doi.org/10.1111/phc3.12194

NOTAS

[1] Carlos Ezquerra es Licenciado en Filosofía y Licenciado en Comunicación por la Universidad de la República (UDELAR). Email: hilda@unca.edu.mx. ORCID: https://orcid.org/0009-0002-8142-5854

[2] Texto original: To see how antirealism solves the puzzle, consider constructivism, a specific brand of antirealism. According to the version of constructivism I favor, the fact that X is a reason for agent A to Y is constituted by the fact that the judgment that X is a reason (for A) to Y withstands scrutiny from the standpoint of A’s other judgments about reasons. So, for example, that it would be fun is a reason for A to kick dogs if and only if that normative judgment withstands scrutiny from the standpoint of A’s other judgments about reasons; indeed, A’s having the reason is constituted by that fact. (Street, 2016, p. 306) Esta y todas las traducciones de textos en inglés son propias, salvo que se indique lo contrario.

Revista de Filosofía Homónima

Revista de Filosofía dirigida a académicos, investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado de Filosofía u otras disciplinas.

Proyecto editorial patrocinado por y afiliado a la Universidad Andrés Bello

ISSN 3087-260X

Indexada en
  • LatinREV
  • ROAD
  • Latindex Directorio
  • Center for Metaphilosophical Research (CMPHR)
  • ISSN Chile e Internacional
  • Portal de Revistas Académicas Chilenas (U. de Chile)
Revista Homónima